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¿Sabías que la piel es un órgano excretor?

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Nuestro organismo a diario produce y absorbe toxinas que deben ser eliminadas. Por ello, nuestro cuerpo cuenta con un grupo de órganos especializados, los órganos excretores que trabajan en esta función: pulmones, hígado, riñones (vejiga), intestinos y la piel.


Son los encargados de mantener la estabilidad del medio ambiente interno del cuerpo. Así, tu piel se encarga de eliminar toxinas y elementos innecesarios para tu cuerpo, mientras retiene otras sustancias imprescindibles que nos permiten mantenernos sanos. Por lo mismo, es realmente importante la limpieza de nuestra piel, para que ésta pueda desempeñar sus funciones de la mejor forma.

La depuración es un proceso natural mediante el cual, el cuerpo elimina o neutraliza las sustancias tóxicas que absorbemos del exterior así como los desechos y toxinas que nosotros mismos generamos. Pero, a menudo, este proceso no es suficientemente eficaz debido a que la absorción de toxinas y generación de desechos es muy superior a la que nosotros mismos tenemos capacidad de evacuar. 

Una buena higiene facial es básica para tener una piel saludable. Por ello, es importante mantener una rutina de limpieza diaria que permita eliminar impurezas y mantener la piel cuidada. Este gesto es fundamental antes de aplicar los tratamientos de cuidado facial para asegurarse de que sus activos penetren en la piel. El resultado será un rostro luminoso y de aspecto más saludable.

Limpieza facial diaria

Hay que realizarla dos veces, al empezar la jornada y antes de ir a la cama. Por la mañana, aunque existe la creencia de que la ducha ya deja la piel limpia, es necesario hacer limpieza facial, tanto para retirar los restos de sebo y otras sustancias que se puedan haber segregado por las glándulas sudoríparas durante el sueño, como para lucir una piel brillante y luminosa.
La limpieza nocturna es fundamental para la salud cutánea ya que elimina la polución, los restos de sebo, el maquillaje, factor solar y todas las impurezas que la piel acumula durante el día, dejándola preparada para repararse durante la noche.

Un buen cuidado de la piel, que aporte todos los beneficios para su salud, debería empezar por una doble limpieza con estos dos pasos:
Aplicar en la piel del rostro y del cuello un producto de base oleosa, como un aceite o un bálsamo limpiador, que elimine la grasa, los restos de maquillaje y protector solar y todas las partículas acumuladas durante el día. 

Utilizar un producto de base acuosa, como un gel limpiador o una espuma, que elimine las células muertas, las impurezas, la polución, etc.
La aplicación de los productos debe realizarse sin frotar ni realizar movimientos agresivos. La delicadeza durante la rutina es especialmente importante en las pieles con acné ya que una limpieza agresiva puede empeorar la fase inflamatoria del mismo. 

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